jueves, 17 de septiembre de 2026

EL CANIBAL Y LA CUEVA

   


 En la radio del coche dieron paso a una entrevista que trataba de las investigaciones de arqueólogos y antropólogos sobre varias cuevas de Granada donde se habían descubierto huesos humanos con evidencias de haber sido parte de la dieta de otros humanos. Las cuevas parece que estuvieron habitadas desde el Paleolítico hasta la época Nazarí. Podríamos imaginar que tales antropófagos no comían carne y tuétano humano como parte de una dieta habitual, pero nos queda la duda de que así fuera o de que formara parte de un ritual o  de que quizá fuera la forma extrema de alimentarse con sus propios muertos una vez que escaseara la comida. Me imagino que no debió de resultarles en absoluto tabú probar la carne de su abuelo o de su hija fallecida. Es mas, quizá fue una forma tangible de conservarlos vivos al formar parte ahora de sus propias células. Yo no me imagino almorzándome a mis hijos porque, al igual que el incesto, son los dos grandes tabúes de nuestra cultura. Ya lo dijo el antropólogo Levy Strauss, que nuestra cultura, lo que nos hace humanos, es la prohibición del incesto y la antropofagia. Pero me queda un último comentario sobre la cueva del municipio de Moclín (Granada). Dicha cueva, donde más restos humanos fagocitados por humanos se han encontrado, tiene el irónico nombre de cueva de Malalmuerzo. Quiero pensar que tiene razón la leyenda que dice que dicha cueva fue atacada y vencida por los cristianos que sorprendieron a los musulmanes que la defendían cuando estaban almorzando. Sin embargo, dicho nombre revela que hoy día, comerse uno a su padre o a su abuelo no augura una buena digestión.


domingo, 6 de septiembre de 2026

LA DOCTORA Y SU PADRE

 



Mañana viajo a Heidelberg junto con la madre de mi hija para asistir a la defensa de la tesis doctoral en la que ha estado trabajando Inés durante los últimos cinco años. Si todo sale bien, el día 11 de septiembre se doctorará en Bioquímica. Será la primera doctora en la genealogía paterna. Un servidor fue en su momento el primer licenciado universitario del linaje. Ahora ella será la primera doctora. 

Ayer recordaba el día en que nació, hace algo más de 31 años. Se abrió el ascensor hospitalario y en una cama iba su madre y en brazos de la comadrona la pequeñez de aquella morenita que llamaba la atención por su abundante pelo y su carita risueña. Estaba tranquila, sumida en un sueño reparador tras el trance del parto. La comadrona preguntó: "¿quién es el padre de esta niña?" Un servidor levantó el dedo índice como un parvulario tímido y la buena señora se acercó a mí y poniéndomela en los brazos exclamó: "¡venga, cógela para que te vayas haciendo a la idea!" No sé si fue la levedad de su peso o el sentirla acunada en mis brazos pero un borbotón de lágrimas me corrieron mejillas abajo. Mi suegra, que estaba a mi lado, me preguntó qué me pasaba. Con voz rota y como pude le dije que lloraba de felicidad, que en ese momento es cuando realmente me daba cuenta de que mi hija ya  estaba en el mundo. Ahora, esa menudita figura es toda una mujer que ha sabido luchar por lo que quiere, que jamás se ha rendido ante las dificultades del camino. Una valiente. Ahora, en este momento, quiero honrar y me inclino ante ella y ante todo el linaje de las mujeres de la rama paterna y materna que se doctorarán cuando ella lo haga. Valió la pena. 

sábado, 5 de septiembre de 2026

EL ALETEO DE LA PALOMA

     



  La bandera de Palestina lucía en uno de los balcones del piso superior. Allá arriba apenas se subía porque la vida la realizamos en la planta baja y esa parte de la casa quedó sin reformar. En uno de los dos balcones superiores colgué una bandera palestina en lo más arduo de la ofensiva israelí. Meses después, cuando se acercan las fiestas patronales de pueblo, la romería y la procesión de la Virgen y las calles y balcones se engalanan de banderas e imágenes de Santa María del Alcor, mi mujer me pidió que durante esos días quitara la bandera del balcón. Meses de sol, lluvia y polvo habían deslucido su color y por ello decidí darle un lavado a mano antes de guardarla hasta que pasaran las fiestas. Cuando el agua jabonosa empapó la tela comenzó de repente a destilar un color rojo que supuse ser parte del triángulo  que tiene la bandera...pero la bandera no había desteñido. Más restregaba, más rojo salía. Interminable la estela roja que cada vez teñía más el agua. Mis manos lavaban sangre interminable sin saber desde qué urdimbre de la tela manaba. Al cabo de un buen rato la sangre comenzó a mermar y seguí restregando.   Lo más sorprendente es que al rato comencé a escuchar  como un leve murmullo  que me pareció un quejido. Cada vez más nítido, el quejido se fue volviendo llanto. No era el llano de una sola persona sino un llanto coral de miles y miles de seres ahogados por el sufrimiento. El agua clara fue calmando el llanto hasta hacerse un hilo de voz, tenue como el aleteo de una paloma. Al cabo de un buen rato se hizo el silencio. Llevé luego la bandera al tendedero de la azotea para que pudiera secarse al sol.  Así que cuando pasen las fiestas patronales la bandera volverá a ondear de nuevo en el balcón y una vez restañadas las heridas, sus cicatrices buscarán de nuevo el camino del reencuentro con la vida, porque la vida puede más que la muerte y el terror no puede destruir la libertad.

martes, 1 de septiembre de 2026

HAIKUS TRES





¿Qué cantarán las cigarras al unísono?

Celebran su tiempo

antes del regreso al silencio.



Nubes de papel sobre los pinos.

El viento las trae y lleva

por caminos invisibles.

¿Cuántas veces se habrán despedido

antes de ahora?



La brisa del mar canta en los pinos.

Zumbido de abeja y canto de cigarra.

Improvisada orquesta

en el vacío de la mente.


LA PEQUEÑA ENCINA




Entre el pasto seco
y la vastedad del cielo
nace la fragilidad
de esta ramita de encina.
¿Quién cuidará que crezca
sino la propia vastedad y el agreste suelo?

Ella sabe, por su propia naturaleza,
cómo hacer frente a los fríos del invierno,
a la dura fuerza del granizo
o a la tórrida solana del estío.

¿Llegará a buen puerto?
¡quién lo sabe!
pero es este su momento
y en este su momento
hay quien la contempla
y la eterniza en esta página.

domingo, 16 de noviembre de 2025

FELICIDAD


 



"¡Qué infeliz! Andaba preocupada buscando la felicidad y cuanto más ahínco ponía en encontrarla más se preocupaba, y cuanto más se preocupaba más lejos le quedaba alcanzarla."

                                                                                                            Rodrigo Sánchez León


    Me recuerdan las palabras de Rodrigo esa historia del pez joven que visita al pez anciano preguntándole si sabía dónde encontrar el océano. El pez viejo le contestó al jovencito  que se encontraba inmerso en él. ¡Pobre pececito! Su respuesta es la que los seres humanos damos una y otra vez: "¿Esto? Esto no es el océano, es simplemente agua."

    ¿Por dónde irá la felicidad? ¿Andará revestida de una camisa que el rey no tiene? ¿Tendremos una idea preconcebida de la felicidad de tal modo que se convierte en el gran obstáculo para vivirla? ¿Es que acaso la felicidad se enamora de unas personas sí y de otras no? ¿Tan selectiva es?

    Un día la vi pasar por los ojos de mi perro, o quizá estaría mejor decir que la felicidad saltó de los ojos de mi perro a los míos. No sé cómo sucedió. No se trató de estar esperándola, sino de estar atento, de estar presente, de estar como quien escucha el canto de un pájaro. Asi, sencillamente, voló hacia mí con el aleteo suave de una mariposa alegre. Me pareció que había sido muy fácil encontrarla, que por paradójico que pareciera, mientras menos la buscaba más a la mano la tenía. Solo necesitaba estar atento al murmullo de la brisa, a la luz en la superficie de una hoja del naranjo, al caminar lento de los caracoles tras un día de lluvia. Y si la felicidad se aficiona a ti es tan fiel que solo te pide que no la confundas con un señuelo, que no te dejes engañar como aquel burrito de la zanahoria. 

    Porque la felicidad tiene escondida un arma secreta; cuando te la encuentras así, desnuda y entregada, te desaparece la zanahoria que andabas persiguiendo sin cesar como el burrito del cuento. Ya no vas creyéndote que la encontrarás acá o acullá y que puedes comprarla con dinero. La felicidad es gratis y se te escurre de las manos como el agua cuando tratas de atraparla en un coche nuevo, en un vestido, en unos zapatos, en un viaje de placer. Tú no puedes hacer nada realmente para que la felicidad llegue. Más bien tienes que dejar de hacer. Dejar de hacer tantos planes, dejar de tener tantas expectativas, dejar de tener tantos proyectos, dejar de tener tantas ideas,  dejar de tener tanta ambición... Esos caminos erróneos conducen al final a un callejón sin salida y lo que provocan en definitiva es una frustración multiplicada en su recurrencia. Ahí no está la felicidad y nunca lo estará. Como dice mi amigo, "es que la humanidad se marea mucho." La humanidad es la metáfora de la insatisfacción.

    Quererla ya, ahora, en este momento es otro gran obstáculo para que aparezca.  Cuanto más se desea, más se aleja. La he visto huir de los impacientes, de los calculadores, de los inversionistas, de los depredadores de la vida, de los que tienen miedo a perder o a no ganar. 

    O sea, que la felicidad es escurridiza y solo se entrega a aquella persona que no lleva camisa. Así que ya sabes; si tienes camisa deberás desnudarte sin esperar nada a cambio. Entonces puede que aparezca la verdadera felicidad en tu camino.

sábado, 20 de septiembre de 2025

LA CONCIENCIA COLECTIVA Y LA EDUCACIÓN

    




 El budismo habla de cuatro clases de nutrientes, el primero es el alimento del cuerpo; no solo lo que entra por la boca sino por cualquiera de  los sentidos, incluida la conciencia. (En el budismo se habla de seis sentidos, no de cinco).

     Podríamos pensar que la conciencia solo tiene carácter individual, que cada uno tiene su propia conciencia sin relación alguna con la del resto de los humanos, pero sabemos que esto no es así. La conciencia individual está hecha en su mayor parte de elementos de la  conciencia colectiva y viceversa.         Creemos que somos libres pero si bien es cierto, es una libertad con matices, mediatizada por lo que nos llega de la conciencia colectiva y que nosotros atribuimos exclusivamente a nuestra propia conciencia individual. Tenemos una conciencia fundamentalmente heredada.

    La educación pública nació en el siglo XVIII en el estado prusiano. Fue creada para aprender la obediencia y crear estado de opinión desde muy temprana edad. Niños y niñas aprendían a obedecer y eran atosigados por la ideología de turno del Estado. Franz de Houre, teórico prusiano, afirmó lo siguiente: "El estado debería moldear a cada persona, y moldearla de tal manera que simplemente no pueda querer otra cosa distinta a la que el Estado desea que quiera."

    La manipulación de las conciencias no era cosa nueva, pero en la edad contemporánea se ha ido refinando sutilmente hasta el punto de que dicha manipulación apenas si es percibida por la mayoría de los individuos. De hecho, quienes somos o hemos sido docentes hemos experimentado de qué manera, por muy respetuosos que queramos ser con nuestro alumnado, terminamos por inocular la ideología dominante de una u otra manera. El profesorado también es víctima (y no tanto verdugo) de dicha conciencia colectiva.

    Podríamos preguntarnos: ¿ qué nutrientes de la consciencia colectiva nutren la escuela? ¿Hasta qué punto  está infiltrada en nuestra conciencia individual como docentes? ¿ qué alimentos (pensamientos, emociones, ideas...) estoy tomando de forma no consciente de mis compañeros, entorno social, Administración, padres...?

    Tomar conciencia como grupo es primordial para un cambio individual y colectivo. Crear comunidad es clave para trabajar el cambio que esperamos ver en el mundo, porque individualmente es muy difícil sustraerse al influjo de la conciencia colectiva dominante que a día de hoy nos está abocando a un callejón sin salida. Para muestra, un botón: el cambio climático provocado por la sociedad de consumo.

viernes, 19 de septiembre de 2025

EL MENSAJE Y EL MENSAJERO

   



  Decía mi amiga Lola Montes -citando quizás a su maestro Moratiel-  que el mensaje es el propio mensajero. El mensaje encarnado es lo que nos sirve. Lo otro son palabras huecas. Por eso también Thay conmovía tanto cuando hablaba, porque sus palabras unían mensaje y mensajero. Él era el propio mensaje encarnado en su vida. 

    Y decía el santo de Asís que de nada servía ir a predicar a un lugar si la predicación no era el caminar mismo. Estamos en ambos casos a vueltas con la coherencia. Ya no me fío de ningún mensaje que nazca de la incoherencia de quien lo propone. Por eso, en la atalaya de mi vida y tras tantos desengaños vividos, he aprendido esta lección de la coherencia que me sirve de faro y guía. 

    Me fie de mi querido Pepe Quirós, así como de Blas Márquez y no me decepcionaron. Fueron mis maestros, mis modelos antes de que llegara Thay. 

    Le pido a quien corresponda que yo pueda ser coherente también, que no haya un divorcio entre lo que pienso y digo y aquello que hago. La fortuna que me acompaña es que soy capaz de reconocer todo lo que le falta a mi práctica, que me veo aún en los primeros pasos y no por ello pretendo hacer creer a los demás lo que no soy. Eso es un don que me acompaña. No soy más de lo que soy en este momento...pero no cejo en el empeño de seguir creciendo en el amor y la compasión. Así al menos lo veo yo.


martes, 16 de septiembre de 2025

EL ARTE DE VIVIR

   



  " En Louisville, en la esquina de la Cuarta Avenida y Walnut, en medio del barrio comercial, de repente me abrumó darme cuenta de que amaba a toda esa gente, de que todos eran míos y yo de ellos, de que no podíamos ser extraños unos a otros aunque nos desconociéramos por completo. Fue como despertar de un sueño de separación, de falso aislamiento en un mundo especial, el mundo de la renuncia y la supuesta santidad.... Esta sensación de liberación de una ilusoria sensación de diferencia fue un alivio y una alegría tal, que casi me eché a reír en voz alta. Y supongo que mi felicidad podría haber tomado forma en estas palabras: “Gracias a Dios, gracias a Dios que soy como otros hombres, que soy sólo un hombre entre otros”... Tengo el inmenso gozo de ser hombre, miembro de la raza en que se encarnó el mismo Dios. ¡Como si las tristezas y estupideces de la condición humana me pudieran abrumar ahora que me doy cuenta de lo que somos todos! ¡Y si por lo menos todos se dieran cuenta de ello! Pero eso no se puede explicar. No hay modo de decir a la gente que anda por ahí resplandeciendo como el sol... 

    Entonces fue como si, de repente, viera la secreta belleza de sus corazones, las profundidades de sus corazones donde no puede llegar ni el pecado ni el deseo ni el conocimiento de sí mismo. El núcleo de su realidad, la persona que es cada cual a los ojos de Dios. ¡Si por lo menos todos ellos se pudieran ver como son realmente! ¡Si por lo menos nos viéramos unos a otros así todo el tiempo! No habría más guerra, ni más odio, ni más crueldad, ni más codicia... Supongo que el gran problema sería que se postraran a adorarse unos a otros. Pero eso no se puede ver; sino sólo creer y comprender por un don peculiar.

     En el centro de nuestro ser hay un punto de nada que no está tocado por el pecado ni por la ilusión, un punto de pura verdad, un punto o chispa que pertenece enteramente a Dios, que nunca está a nuestra disposición, desde el cual Dios dispone de nuestras vidas, y que es inaccesible a las fantasías de nuestra mente y a las brutalidades de nuestra voluntad. Ese puntito de nada y de absoluta pobreza es la pura gloria de Dios en nosotros. Es, por así decirlo, su nombre escrito en nosotros, como nuestra pobreza, como nuestra indigencia, como nuestra dependencia, como nuestra filiabilidad. Es como un diamante puro, brillando con la invisible luz del cielo. Está en todos, y si pudiéramos verla, veríamos esos billones de puntos de luz reuniéndose en el aspecto y fulgor de un sonido que desvanecería por completo toda la tiniebla y la crueldad de la vida... No tengo programa para esa visión. Se da, solamente. Pero la puerta del cielo está en todas partes”.

                                                                                                            Thomas Merton


    Thomas Merton era amigo personal de Thich Nhat Hanh, el maestro zen vietnamita fundador de Plum Village que fue también amigo de Martin Luther King. Se conocieron cuando Thich Nhat Hanh viajó a USA invitado por cristianos comprometidos con la paz para pedir el fin de la guerra de Vietnam. Thich Nhat Hanh es mi maestro espiritual. Es y ha sido el faro que me ha permitido transitar por el mundo y reconciliarme conmigo, con mi tradición cristiana y con quienes me hicieron sufrir en el pasado.

    De lo que habla Thomas Merton  se conoce en el budismo como samadhi. Es la iluminación, es la comprensión no racional  de la auténtica naturaleza de la realidad, que no conoce separación. En esa miopía de la separación estamos la inmensa mayoría de los seres humanos. Algunas veces puede uno atisbar y experimentar la falacia de tal separación, pero no suele ser una experiencia frecuente. Atisbar la gracia de esa unidad nos conmueve y llena de una felicidad y alegría inenarrables.

    En los místicos se da un sufrimiento, sin embargo, que proviene de la comprensión de que el ser humano normal y corriente vive en estado de carencia de esa realidad última. El místico se compadece porque es consciente del velo que aún cubre la mirada humana, velo que oculta la luz al resto de los humanos. Estos se desconocen, por eso andan sin faro ni brújula como los trompos que bailábamos de niños pero que han perdido la púa del centro y dan vueltas de acá para allá sin sentido como mendigos de algo que les falta y no encuentran.




sábado, 13 de septiembre de 2025

EL NÁUFRAGO IMAGINARIO

     



Apenas se diferenciaban en el mar. La botella verde y el verde del océano...pero Beatriz la vio flotando entre las olas. Como tenía miedo de alejarse de la orilla fui yo quien tras unas cuantas brazadas conseguí rescatar lo que el mar se empeñaba en devolver a la tierra. Apenas se la entregué, buscó el mensaje dentro de la botella. Un mensaje inexistente que le hizo fruncir el ceño y devolvérmela al instante.

    Las olas habían lamido sin cesar su contorno de modo que no quedaba resto de la etiqueta ni de su posible procedencia. Algo de verdina y algún caracolillo en la base y poco más. Decidimos llevársela a su padre porque realmente era una pieza bella, muy lejos de las típicas botellas de vino al uso. Como es un coleccionista nato decidió lavarla y llevársela como recuerdo. Incluso rellenarla con aquel vino que todos los años compra en el sur de Badajoz. Me di cuenta de que no solo quería convertirla en un objeto práctico. El mar le había regalado todo un poema. No sólo por el vino era  que se había decidido a salvarla. Estaba rescatando una historia del océano. ¿Sirvió el vino de aquella botella  como preludio o colofón de una historia de amor? ¿A qué desesperada historia serviría de consuelo? ¿Fue compañera de algún pobre solitario antes de ser lanzada al mar? ¿Qué historia nos llegaba detrás de aquel hallazgo?

    Mi amigo buscaba la literatura escondida en el vacío de aquel objeto abandonado, buscaba rellenar aquel vacío con páginas excitantes, con algún poema donde hablar de la soledad, del tiempo, del azar que nos sale al encuentro, de los múltiples espejos de la memoria... mi amigo, lejana ya su juventud, se inclina cada vez más por la poesía metafísica. ¿Quién nos retaba desde el mar?

    Agosto es tan desesperadamente monótono con su ritmo diario de playa, ducha, comida, siesta, paseo, cena, cama y vuelta a empezar que te destruye las neuronas día tras día. Un caldo espeso y bullente de obsesiones, imaginación exaltada y febriles ideas que se suceden en la aparente tranquilidad de la butaca frente al mar. Aquella aparición fue el colofón del deterioro producido por el hastío. Incluso uno se ve a sí mismo como náufrago en aquel mar de sombrillas, con tanta soledad en aquella geografía de rostros  inexpresivos que siente la necesidad de lanzar a la deriva algún mensaje de rescate para que el destino nos provea de una amistad reparadora, de un bálsamo en medio del absurdo veraniego.

    Quizá aquel náufrago existió y no supo qué mensaje dejar dentro de la botella. Quizá había esperado ya tanto que poco a poco dejó de tener sentido regresar al mundo. Quizá pensara que ya no tenía necesidad de salvarse ni de escapar de su encierro,  sino que lanza simplemente una botella litúrgica al mar en una ceremonia de despedida del pasado que había perdido. Un mundo con demasiada prisa, ruido, miedo, incomprensión, soledad, desamor, de insufribles tardes de domingo. No había demasiado que ganar con el regreso. Me imagino un náufrago feliz que ha roto su último vínculo con el mundo y que sabe que no hay ya vuelta atrás. Ahora podrá vivir a pleno gas en la isla, ahora le queda la posibilidad de entregarse de lleno a su nueva vida tras quemar las naves de la esperanza en un regreso.

    Cuando al cabo de los meses, en pleno invierno,  mi amigo se dejó caer con que tenía un poema escrito sobre aquel hallazgo del verano, sentí una punzada fuerte en el pecho y aparenté una normalidad que estaba lejos de sentir. Tras los postres me invitó a su despacho y allí me entregó el manuscrito de la botella.

                                                                            A Juan Lamillar, con la calidez de una vida de amistad.

miércoles, 10 de septiembre de 2025

A vueltas con los petardos religiosos

  




   Bob Marley hace lo que puede, pero el altavoz conectado al móvil no llega a tapar los zambombazos del Angelus  y de la novena vespertina. 

    Cierro puertas y ventanas y pongo el altavoz a todo volumen para que  la batería del reggae disimule los estruendos que aturden a mis perros. Bob Marley habla de paz y  de hermandad en la canción  mientras suenan las bengalas bélicas a doscientos metros de mi casa.

    Confieso que no acabo de comprender esa costumbre de lanzar cohetes asociados a una celebración religiosa.  ¡Si será este uno de los motivos de la desafección religiosa de tantos jóvenes...! 

    Parece como si al lanzar los cohetes al cielo pretendieran recordarle a Dios y a la Virgen (no vaya a ser que se hayan dormido) que toca función religiosa en el pueblo. Y el día 12 sale la Virgen en procesión, que pobrecita ella, no tiene culpa alguna de esta parafernalia cohetera.

    De hecho el niño de la Virgen tiene el pobre la carita asustada de tanto ruido ensordecedor y la Virgen aguanta por caridad cristiana...no le queda otro remedio. Menos mal que le llenan el paso de varas de nardo para que el olor a pólvora no lo confundan con un estado de guerra porque el niño anda alborotado no sólo por los petardos sino por los cohetes y bombas que caen sobre inocentes en Gaza. Está al tanto de lo que ocurre y a su carita asustada se une ahora la tristeza por ver que dos mil años después su mensaje no termina de calar en los corazones humanos. Habrá que tener paciencia y seguir barajando.

domingo, 7 de septiembre de 2025

LA PROVIDENCIA

   



  Ya me ocurrió hace años cuando Leo llegó a casa. No fue una decisión mía sino de la providencia. Llegó a casa porque nuestro galgo Nico se mató al tirarse por un balcón absolutamente en pánico debido a unos cohetes. La otra perrita sufre de angustia de separación y necesita compañía constante, sea esta humana o perruna. Entonces, sin margen de maniobra pues en pleno duelo había que tomar la decisión de un sustituto pero yo no podía hacer la gestión en una protectora, le pedí a la vida, como quien lanza un brindis al sol, que fuera el perro quien me encontrara a mi y no al revés. Y así sucedió tres días después de esa petición al sol. Leo apareció en el barrio. Os aseguro que no suelen verse perros abandonados en mi barrio. Yo no he vuelto a ver ninguno. ¿Qué o quién hizo que el perro apareciera por allí? ¿fue casual o intervino alguna instancia misteriosa?

    Como dije no es ni la primera ni la única vez que parece que una fuerza se alinea con mi necesidad y provee para satisfacerla. Llevaba días mirando en internet algún modelo de estantería no demasiado grande para alojar en ella los libros de Thay. Me hacen falta aquí en el pueblo para preparar las charlas y tomar notas. Una mañana salía con los perros a su paseo diario cuando vi que en una cubeta grande se apilaban muebles, electrodomésticos y otros enseres desalojados de una cochera. Encima de la pila una estantería de madera del tamaño y forma que yo necesitaba. Tras solicitar permiso a la dueña me la traje para casa y la limpié y enceré. Aquí está ahora sirviendo de alojamiento a los libros de mi maestro Thich Nhat Hanh.

    ¿Estas cosas suceden porque sí o hay alguna ley en el Universo que las propicie?

domingo, 17 de agosto de 2025

ACERAS MOVEDIZAS

 




El antihéroe, visiblemente afectado, regresó a la librería suplicando que lo devolvieran al libro de donde se había escapado. En un descuido de aquella librera había abierto la página y se había escurrido por la puerta. Ya en la calle, comprendió que el asunto tenía miga. El mercado quedaba a la izquierda, con el bullicio de los verduleros y el olor a chicharrones. A la derecha, la desbandada general de comercios en crisis, los contenedores rebosantes de basura y las aceras roñosas.

De pronto sintió mariposas en el estómago; una sensación de vértigo que le hizo desplomarse en un banco aledaño a la librería.

- Pero yo no sé de qué libro se ha escapado... -dijo la librera mientras se ajustaba nerviosa las gafas y se atusaba el cabello negro. -¿Recuerda usted al menos el nombre del autor?

El antihéroe no recordaba nada, simplemente quería regresar a la seguridad de su mundo de papel, mucho menos vertiginoso que este al que acababa de asomarse.

-Estoy aturdido. Si quiere, le propongo un plan. Me puede usted prohijar en su cabeza durante algún tiempo, el suficiente para aparecer en un relato suyo. Le prometo que trabajaremos juntos en una magnífica novela. 

Encontraron a la librera hablándole al aire como si realmente participara en un diálogo. Es lo que tiene leer tanta ficción, que acaba uno por creerse sus propias mentiras.


sábado, 16 de agosto de 2025

CANÍCULA

    



 Tan atroz como Calígula, tan destructora como el caballo de Atila, cuando ella aparece a mediados de julio en el Mediodía de España (y cada vez más extendida a la zona septentrional de la península) el mundo se para y la tierra arde -literal y simbólicamente- como si el infierno se hubiera desatado en la Tierra. Mañana esperamos 44 grados de máxima en Sevilla dentro de una larga ola de calor imposible de combatir si no es bajo el pertrecho del búcaro y la siesta

    Hasta aquí el tópico...pero ¿es posible cualquier actividad mínimamente lúcida cuando el calor nocturno tampoco baja de los veintimuchos grados? (Ahora le llaman noches tropicales, pero sin  piña colada ni la hamaca entre palmeras y con chicharras y mosquitos).

    Hartito de no dormir a pierna suelta, cansado de tanto sol y tantas horas de luz cegadora trato de meditar cada día en mi sala de meditación a las ocho de la mañana y la misión titánica se vuelve una tortura. Me resulta casi imposible mantener la atención, la concentración casi brilla por su ausencia, las gotas de sudor, ya tan temprano, me bajan de la nuca a la espalda. Con la espada de la determinación, cual guerrero pacífico, no cejo en mi empresa...pero bien acabo dormitando, bien  dándole vueltas a los más peregrinos pensamientos.

    Quien no ha vivido este clima no podrá entenderlo. Mi amigo Vidal, que siempre tiene una frase certera y sentenciosa como castellano viejo que es, me lo deja bien claro: "En estos momentos ya es suficiente con sobrevivir...luego volveremos a vivir cuando se pase  agosto" pero el desgaste es dramático y el paisaje tras la batalla es un erial de buenas intenciones no cumplidas.

    Me vuelvo, pues, al búcaro y a la siesta, que es lo que toca y salvaremos todas las buenas intenciones que podamos esperando la llegada del otoño. Esta es mi Sevilla en verano.   




lunes, 4 de agosto de 2025

CÁNDIDA EDAD PRIMERA

    


    "Y de nuevo vendrá con gloria para juzgar a vivos y muertos": así reza en el credo católico que muy pronto hube de memorizar para poder recibir la primera Comunión. Como quiera que esta se recibía a los siete u ocho años y la pedagogía de la catequesis  era tan arcaica y obsoleta como la de la escuela de entonces, la tarea consistía en aprenderse uno el catecismo del padre Ripalda de memoria y en rezar las oraciones principales de nuestra tradición, incluido el Credo, antes de poder vestirse de marinerito y recibir la sagrada comunión (en mi caso fue de fraile porque heredé el traje de un primo de Burgos, donde siempre han sido muchísimo más serios y ortodoxos en esto de la Fe). Yo me preguntaba que quién sería aquella Gloria (con mayúscula) tan importante que el propio Dios se traía del más allá para juzgarnos por nuestros actos. Poderosa mujer aquella Gloria, sin duda. 

    Acá otro caso: en el catecismo (colección de preguntas y respuestas compendio de la fe católica) que aprendíamos también por transmisión y machacona repetición oral, rezaba que "Dios creó todas las cosas de la nada". Como quiera que una criaturita de apenas siete años no tiene desarrollado el pensamiento abstracto y para mi la nada no era nada, formé de manera natural una solución que se adaptara a mi capacidad comprensiva del momento: "Dios creó todas las cosas de Granada". Ya se podrán imaginar ustedes las ganas que tenía yo de visitar Granada si Dios había elegido tan hermosa ciudad para crear el resto del Universo entero.


 

domingo, 3 de agosto de 2025

EL CABLE EMPLUMADO





    En la foto no se observa, pero todos están mirando al poniente, con el sol a punto de decir adiós un día más en esta canícula veraniega. Cada atardecer aguardan en el cable antes de ir a dormir quién sabe en qué nido. Es el descanso tras el vuelo incesante, es la contemplación silenciosa previa a la desbandada general, cuando todos inicien el vuelo unánime tras no se sabe qué indicación misteriosa. 
    En la foto no se observa, pero en el cable había más de cincuenta pares de alas cansadas, cumplida su labor diaria de alimentar a los polluelos que en el inicio del otoño retornarán a África.
    Al llegar con mis perros hasta su altura por el camino de la huerta   me echan una ojeada sin inmutarse y en un instante regresan a la contemplación del atardecer o al aseo de sus plumas. 
    Me siento acompañado por esta sangha de vencejos en mi paseo diario y su silencio me motiva para contemplar yo también la soledad de aquel baldío que aguarda reseco la llegada de las primeras lluvias de otoño.
    En la foto no se observa, pero siento que hay un hilo que me une al corazón de estos pajarillos y que su vuelo y su quietud silenciosa tienen mucho que decir en el ajetreo incesante del mundo que hemos construido.



 

martes, 29 de julio de 2025

OJOS DE UN DIOS MENOR

 




    Un día lo descubrí no sé si por azar o como fruto de tantos años de meditación. Dios me estaba mirando a través de los ojos de mis perros. No quedaba otra que rendirse a esa mirada que llega desde un más allá ( o mejor un más acá) imposible de descifrar si miras con tus ojos enturbiados por la prepotencia de un humano que se cree superior al resto de los seres vivos.
    Dios me estaba mirando a través de los ojos de mis perros, de eso no me cabía ninguna duda. Cuando esa mirada se posa en ti no te ves juzgado ni condenado, simplemente te sientes reconocido. Es lo bueno que tiene dios, que te acepta tal y como eres. Uno se empeña en pulir el alma día tras día y resulta que ese dios de ojos grandes no tiene un juicio que lanzarte con su mirada limpia porque te reconoce como si te mirara desde antes de tu nacimiento.
    Dios tiene una mirada así desde el principio de los tiempos, pero la neblina de la nuestra nos impide reconocer el milagro rotundo tras esos ojos de transparencia eterna. 
    Esa mirada me encendió el corazón con una luz diáfana que te desnuda el alma. No son dos perros los que conviven conmigo desde hace trece años, son dos emisarios de lo divino, dos ángeles de cuatro patas, dos compañeros de camino fieles hasta el sacrificio. 
     Pero no siempre estoy tan lúcido como para contemplar a este dios menor. A veces me pierdo en mis dudas, en mi tristeza, en mis pensamientos obsesivos y entonces solo veo un par de ojos normales y corrientes...pero este dios menor es generoso y me viene a visitar de vez en cuando para que recupere la vista y la salud del corazón. Sucede a veces. Hoy ha sido un día de esos.

jueves, 24 de julio de 2025

PESCAÑÍA EN EL RECUERDO


 

        Bajo la argolla estaba su pesebre desaparecido hace tiempo. Lo que se salvó del naufragio de la piqueta antes de la última reforma fue esa argolla donde se sujetaba a Pescañía. La cuadra hoy es salón de la casa, sin más vestigios del pasado que esa argolla superviviente.  Pescañía se ganaba la vida con  la carga de pienso que viajaba diariamente en los serones para repartirse entre los corralitos de gallinas en los soberaos de las casas humildes de El Viso. Mi mujer quiso homenajear a quien fue el ayudante de su padre en el negocio familiar. Ella era muy pequeña entonces y  recordaba  al burrito de un tamaño enorme. Me pidió que le buscara un azulejo que lo inmortalizara y fui a encontrarlo en El Pedroso donde casualmente me encontré con una amiga de la juventud que había abierto allá un taller de cerámica. Antonio el Canijito, que lo conoció bien, dice que el azulejo  es igualito al Pescañía, del que no se conserva ninguna foto. Guadalupe dice que poner ese azulejo en el salón de la casa es una "viseñá" que es como califican los vecinos de Mairena las salidas de tono de los visueños. Pero ya lo dice la palabra vi/bi-sueño: los que sueñan doblemente. En este pueblo el gentilicio tiene contenido onírico.

        Más allá de la anécdota, lo que subyace es el respeto a los animales y el reconocimiento a su contribución a las cargas familiares. De alguna manera Pescañía se ganó el pan y dio de comer con su trabajo a una familia de seis personas; mis suegros y sus cuatro hijos. Cuando las condiciones económicas mejoraron se vendió el burro y se compró una camioneta para el reparto ya que el negocio prosperaba y era difícil llegar con Pescañía a todos los clientes.

        Nunca fue maltratado y se le respetó y cuidó mientras vivió en la casa.  Hasta que un día mi mujer con lágrimas en sus ojos lo vio partir para siempre. Para un niño -que no discrimina entre especies- es dura la separación de un miembro de la familia, aunque este camine sobre cuatro patas.

domingo, 20 de julio de 2025

EL ÁNGEL DE LAS MISIONES PEDAGÓGICAS

 


        Mi cuñada no se da muchas trazas con la fotografía, de ahí que la cara de Saad aparezca sesgada. Es inexperta en fotos y magnífica en el arte de recuperar alumnos desmotivados. Tanto Abdeladin como Saad eran los típicos alumnos que se iban quedado atrasados en su proceso de aprendizaje en la escuela por causas ajenas a su voluntad: un sistema deficiente, una cultura distinta, un español aceptable pero endeble de vocabulario, unos padres huérfanos de recursos... todo ello formando un caldo desabrido difícil de tragar para un par de niños de apenas diez y doce años. El tercero en concordia es Alberto, sobrino de Manolita, mi cuñada. A este último la escuela le resulta un calvario particular. No le gusta en absoluto y de vez en cuando se une al coro magrebí para recibir su ración de sabiduría manuelina. Su cara avinagrada lo dice todo. Para él sería una alegría si un domingo por la tarde le dijeran que su escuela había salido ardiendo. Y en el centro de la mesa, de color amarillo, el chocolate en polvo con el que se endulza la píldora del conocimiento a mitad de la clase diaria junto con unas galletas o un bizcocho.

        Entre lápices, libretas, envoltorios de galletas y vasos a medio terminar se cuela la voz de Manolita entusiasta. Tan entusiasta que ha conseguido inocular el amor por la escuela a ambos hermanos que con sendas mochilas aparecen a diario en la casa para recibir su ración de amor en forma de tema de Lengua o Conocimiento del Medio. El contagio se produjo pronto. Cada día ella viene a estar con la abuela desde las seis de la tarde hasta las nueve y media de la noche. Conoció a ambos hermanos y se dió cuenta de su precaria situación en la escuela. Se ofreció a ayudarles sin compromiso y ellos aceptaron. Ella puso los medios y las normas y ellos la diligencia diaria. El primer examen aprobado se convirtió en una fiesta. Los aprobados se fueron sucediendo hasta el final de curso. Su boletín de notas dice que este curso lo han aprobado todo con buena nota. Manolita está feliz porque siempre que uno se da generosamente hay algo en el Universo que nos lo devuelve el ciento por uno. 

        Ahora que una parte de la sociedad rechaza con odio al extranjero, siento que el ejemplo de Manolita nos señala el buen camino. Cuando das amor estás rompiendo barreras de incomprensión. Cuando das amor sabes que quien se sienta cada día junto a ti para aprender y salir adelante nunca te olvidará porque en un momento fuiste, frente al fracaso, el ángel exterminador de la marginación.

sábado, 19 de julio de 2025

LA COMUNIDAD DE LOS CARACOLES

 

Goza de una inteligencia múltiple que por lo general nos pasa desapercibida. Digo múltiple y quizá debería usar otro término aún no acuñado. Las múltiples caras de la Madre Tierra nos ofrecen una prueba palpable de que algo hay en ella que rige con inteligencia el movimiento de sus especies, sean estas animales, vegetales o minerales. ¿Por qué misteriosa razón estos caracoles caminaron quién sabe desde donde para confluir todos en esta sobrecargada rama del naranjo seco? ¿Qué instinto o inteligencia común  les marcó el camino? ¿Ese abigarrado mundo es una estrategia de supervivencia o más bien obedece a la necesidad que creíamos exclusiva de los mamíferos como seres sociales de vivir en comunidad? Es verdad que tal como muestra la foto, también los hay periféricos, pero son los menos. ¿Qué temperaturas podrán aguantar en el tórrido verano de El Viso? ¿Cómo no fueron a una rama verde del granado cercano o de otro naranjo vivo? Son preguntas que se quedarán sin contestar. 
    Cuando el Buda decidió no levantarse de su meditación hasta tanto no se quebrara el velo que le impedía conocer la verdad última, pasó varios días en absoluto silencio y quietud. A veces, aun estando a la sombra del pipal, el sol caía sobre su cabeza amenazando con una insolación que podría haber acabado con su vida. La Madre Tierra fue generosa con él. Cientos de caracoles se pusieron en marcha y subieron por distintos caminos de su cuerpo hasta juntarse todos en su cuero cabelludo formando un casco que protegió al Buda de la insolación. Esos rizitos que se pueden ver en las cabezas de las estatuas de Buda no son tales. Son la representación y homenaje hacia aquella sabiduría compasiva de la Madre Tierra y sus caracoles que salvaron  al Buda de la muerte.