sábado, 5 de septiembre de 2026

EL ALETEO DE LA PALOMA

     



  La bandera de Palestina lucía en uno de los balcones del piso superior. Allá arriba apenas se subía porque la vida la realizamos en la planta baja y esa parte de la casa quedó sin reformar. En uno de los dos balcones superiores colgué una bandera palestina en lo más arduo de la ofensiva israelí. Meses después, cuando se acercan las fiestas patronales de pueblo, la romería y la procesión de la Virgen y las calles y balcones se engalanan de banderas e imágenes de Santa María del Alcor, mi mujer me pidió que durante esos días quitara la bandera del balcón. Meses de sol, lluvia y polvo habían deslucido su color y por ello decidí darle un lavado a mano antes de guardarla hasta que pasaran las fiestas. Cuando el agua jabonosa empapó la tela comenzó de repente a destilar un color rojo que supuse ser parte del triángulo  que tiene la bandera...pero la bandera no había desteñido. Más restregaba, más rojo salía. Interminable la estela roja que cada vez teñía más el agua. Mis manos lavaban sangre interminable sin saber desde qué urdimbre de la tela manaba. Al cabo de un buen rato la sangre comenzó a mermar y seguí restregando.   Lo más sorprendente es que al rato comencé a escuchar  como un leve murmullo  que me pareció un quejido. Cada vez más nítido, el quejido se fue volviendo llanto. No era el llano de una sola persona sino un llanto coral de miles y miles de seres ahogados por el sufrimiento. El agua clara fue calmando el llanto hasta hacerse un hilo de voz, tenue como el aleteo de una paloma. Al cabo de un buen rato se hizo el silencio. Llevé luego la bandera al tendedero de la azotea para que pudiera secarse al sol.  Así que cuando pasen las fiestas patronales la bandera volverá a ondear de nuevo en el balcón y una vez restañadas las heridas, sus cicatrices buscarán de nuevo el camino del reencuentro con la vida, porque la vida puede más que la muerte y el terror no puede destruir la libertad.

martes, 1 de septiembre de 2026

HAIKUS TRES





¿Qué cantarán las cigarras al unísono?

Celebran su tiempo

antes del regreso al silencio.



Nubes de papel sobre los pinos.

El viento las trae y lleva

por caminos invisibles.

¿Cuántas veces se habrán despedido

antes de ahora?



La brisa del mar canta en los pinos.

Zumbido de abeja y canto de cigarra.

Improvisada orquesta

en el vacío de la mente.


LA PEQUEÑA ENCINA




Entre el pasto seco
y la vastedad del cielo
nace la fragilidad
de esta ramita de encina.
¿Quién cuidará que crezca
sino la propia vastedad y el agreste suelo?

Ella sabe, por su propia naturaleza,
cómo hacer frente a los fríos del invierno,
a la dura fuerza del granizo
o a la tórrida solana del estío.

¿Llegará a buen puerto?
¡quién lo sabe!
pero es este su momento
y en este su momento
hay quien la contempla
y la eterniza en esta página.

domingo, 16 de noviembre de 2025

FELICIDAD


 



"¡Qué infeliz! Andaba preocupada buscando la felicidad y cuanto más ahínco ponía en encontrarla más se preocupaba, y cuanto más se preocupaba más lejos le quedaba alcanzarla."

                                                                                                            Rodrigo Sánchez León


    Me recuerdan las palabras de Rodrigo esa historia del pez joven que visita al pez anciano preguntándole si sabía dónde encontrar el océano. El pez viejo le contestó al jovencito  que se encontraba inmerso en él. ¡Pobre pececito! Su respuesta es la que los seres humanos damos una y otra vez: "¿Esto? Esto no es el océano, es simplemente agua."

    ¿Por dónde irá la felicidad? ¿Andará revestida de una camisa que el rey no tiene? ¿Tendremos una idea preconcebida de la felicidad de tal modo que se convierte en el gran obstáculo para vivirla? ¿Es que acaso la felicidad se enamora de unas personas sí y de otras no? ¿Tan selectiva es?

    Un día la vi pasar por los ojos de mi perro, o quizá estaría mejor decir que la felicidad saltó de los ojos de mi perro a los míos. No sé cómo sucedió. No se trató de estar esperándola, sino de estar atento, de estar presente, de estar como quien escucha el canto de un pájaro. Asi, sencillamente, voló hacia mí con el aleteo suave de una mariposa alegre. Me pareció que había sido muy fácil encontrarla, que por paradójico que pareciera, mientras menos la buscaba más a la mano la tenía. Solo necesitaba estar atento al murmullo de la brisa, a la luz en la superficie de una hoja del naranjo, al caminar lento de los caracoles tras un día de lluvia. Y si la felicidad se aficiona a ti es tan fiel que solo te pide que no la confundas con un señuelo, que no te dejes engañar como aquel burrito de la zanahoria. 

    Porque la felicidad tiene escondida un arma secreta; cuando te la encuentras así, desnuda y entregada, te desaparece la zanahoria que andabas persiguiendo sin cesar como el burrito del cuento. Ya no vas creyéndote que la encontrarás acá o acullá y que puedes comprarla con dinero. La felicidad es gratis y se te escurre de las manos como el agua cuando tratas de atraparla en un coche nuevo, en un vestido, en unos zapatos, en un viaje de placer. Tú no puedes hacer nada realmente para que la felicidad llegue. Más bien tienes que dejar de hacer. Dejar de hacer tantos planes, dejar de tener tantas expectativas, dejar de tener tantos proyectos, dejar de tener tantas ideas,  dejar de tener tanta ambición... Esos caminos erróneos conducen al final a un callejón sin salida y lo que provocan en definitiva es una frustración multiplicada en su recurrencia. Ahí no está la felicidad y nunca lo estará. Como dice mi amigo, "es que la humanidad se marea mucho." La humanidad es la metáfora de la insatisfacción.

    Quererla ya, ahora, en este momento es otro gran obstáculo para que aparezca.  Cuanto más se desea, más se aleja. La he visto huir de los impacientes, de los calculadores, de los inversionistas, de los depredadores de la vida, de los que tienen miedo a perder o a no ganar. 

    O sea, que la felicidad es escurridiza y solo se entrega a aquella persona que no lleva camisa. Así que ya sabes; si tienes camisa deberás desnudarte sin esperar nada a cambio. Entonces puede que aparezca la verdadera felicidad en tu camino.

sábado, 20 de septiembre de 2025

LA CONCIENCIA COLECTIVA Y LA EDUCACIÓN

    




 El budismo habla de cuatro clases de nutrientes, el primero es el alimento del cuerpo; no solo lo que entra por la boca sino por cualquiera de  los sentidos, incluida la conciencia. (En el budismo se habla de seis sentidos, no de cinco).

     Podríamos pensar que la conciencia solo tiene carácter individual, que cada uno tiene su propia conciencia sin relación alguna con la del resto de los humanos, pero sabemos que esto no es así. La conciencia individual está hecha en su mayor parte de elementos de la  conciencia colectiva y viceversa.         Creemos que somos libres pero si bien es cierto, es una libertad con matices, mediatizada por lo que nos llega de la conciencia colectiva y que nosotros atribuimos exclusivamente a nuestra propia conciencia individual. Tenemos una conciencia fundamentalmente heredada.

    La educación pública nació en el siglo XVIII en el estado prusiano. Fue creada para aprender la obediencia y crear estado de opinión desde muy temprana edad. Niños y niñas aprendían a obedecer y eran atosigados por la ideología de turno del Estado. Franz de Houre, teórico prusiano, afirmó lo siguiente: "El estado debería moldear a cada persona, y moldearla de tal manera que simplemente no pueda querer otra cosa distinta a la que el Estado desea que quiera."

    La manipulación de las conciencias no era cosa nueva, pero en la edad contemporánea se ha ido refinando sutilmente hasta el punto de que dicha manipulación apenas si es percibida por la mayoría de los individuos. De hecho, quienes somos o hemos sido docentes hemos experimentado de qué manera, por muy respetuosos que queramos ser con nuestro alumnado, terminamos por inocular la ideología dominante de una u otra manera. El profesorado también es víctima (y no tanto verdugo) de dicha conciencia colectiva.

    Podríamos preguntarnos: ¿ qué nutrientes de la consciencia colectiva nutren la escuela? ¿Hasta qué punto  está infiltrada en nuestra conciencia individual como docentes? ¿ qué alimentos (pensamientos, emociones, ideas...) estoy tomando de forma no consciente de mis compañeros, entorno social, Administración, padres...?

    Tomar conciencia como grupo es primordial para un cambio individual y colectivo. Crear comunidad es clave para trabajar el cambio que esperamos ver en el mundo, porque individualmente es muy difícil sustraerse al influjo de la conciencia colectiva dominante que a día de hoy nos está abocando a un callejón sin salida. Para muestra, un botón: el cambio climático provocado por la sociedad de consumo.

viernes, 19 de septiembre de 2025

EL MENSAJE Y EL MENSAJERO

   



  Decía mi amiga Lola Montes -citando quizás a su maestro Moratiel-  que el mensaje es el propio mensajero. El mensaje encarnado es lo que nos sirve. Lo otro son palabras huecas. Por eso también Thay conmovía tanto cuando hablaba, porque sus palabras unían mensaje y mensajero. Él era el propio mensaje encarnado en su vida. 

    Y decía el santo de Asís que de nada servía ir a predicar a un lugar si la predicación no era el caminar mismo. Estamos en ambos casos a vueltas con la coherencia. Ya no me fío de ningún mensaje que nazca de la incoherencia de quien lo propone. Por eso, en la atalaya de mi vida y tras tantos desengaños vividos, he aprendido esta lección de la coherencia que me sirve de faro y guía. 

    Me fie de mi querido Pepe Quirós, así como de Blas Márquez y no me decepcionaron. Fueron mis maestros, mis modelos antes de que llegara Thay. 

    Le pido a quien corresponda que yo pueda ser coherente también, que no haya un divorcio entre lo que pienso y digo y aquello que hago. La fortuna que me acompaña es que soy capaz de reconocer todo lo que le falta a mi práctica, que me veo aún en los primeros pasos y no por ello pretendo hacer creer a los demás lo que no soy. Eso es un don que me acompaña. No soy más de lo que soy en este momento...pero no cejo en el empeño de seguir creciendo en el amor y la compasión. Así al menos lo veo yo.


martes, 16 de septiembre de 2025

EL ARTE DE VIVIR

   



  " En Louisville, en la esquina de la Cuarta Avenida y Walnut, en medio del barrio comercial, de repente me abrumó darme cuenta de que amaba a toda esa gente, de que todos eran míos y yo de ellos, de que no podíamos ser extraños unos a otros aunque nos desconociéramos por completo. Fue como despertar de un sueño de separación, de falso aislamiento en un mundo especial, el mundo de la renuncia y la supuesta santidad.... Esta sensación de liberación de una ilusoria sensación de diferencia fue un alivio y una alegría tal, que casi me eché a reír en voz alta. Y supongo que mi felicidad podría haber tomado forma en estas palabras: “Gracias a Dios, gracias a Dios que soy como otros hombres, que soy sólo un hombre entre otros”... Tengo el inmenso gozo de ser hombre, miembro de la raza en que se encarnó el mismo Dios. ¡Como si las tristezas y estupideces de la condición humana me pudieran abrumar ahora que me doy cuenta de lo que somos todos! ¡Y si por lo menos todos se dieran cuenta de ello! Pero eso no se puede explicar. No hay modo de decir a la gente que anda por ahí resplandeciendo como el sol... 

    Entonces fue como si, de repente, viera la secreta belleza de sus corazones, las profundidades de sus corazones donde no puede llegar ni el pecado ni el deseo ni el conocimiento de sí mismo. El núcleo de su realidad, la persona que es cada cual a los ojos de Dios. ¡Si por lo menos todos ellos se pudieran ver como son realmente! ¡Si por lo menos nos viéramos unos a otros así todo el tiempo! No habría más guerra, ni más odio, ni más crueldad, ni más codicia... Supongo que el gran problema sería que se postraran a adorarse unos a otros. Pero eso no se puede ver; sino sólo creer y comprender por un don peculiar.

     En el centro de nuestro ser hay un punto de nada que no está tocado por el pecado ni por la ilusión, un punto de pura verdad, un punto o chispa que pertenece enteramente a Dios, que nunca está a nuestra disposición, desde el cual Dios dispone de nuestras vidas, y que es inaccesible a las fantasías de nuestra mente y a las brutalidades de nuestra voluntad. Ese puntito de nada y de absoluta pobreza es la pura gloria de Dios en nosotros. Es, por así decirlo, su nombre escrito en nosotros, como nuestra pobreza, como nuestra indigencia, como nuestra dependencia, como nuestra filiabilidad. Es como un diamante puro, brillando con la invisible luz del cielo. Está en todos, y si pudiéramos verla, veríamos esos billones de puntos de luz reuniéndose en el aspecto y fulgor de un sonido que desvanecería por completo toda la tiniebla y la crueldad de la vida... No tengo programa para esa visión. Se da, solamente. Pero la puerta del cielo está en todas partes”.

                                                                                                            Thomas Merton


    Thomas Merton era amigo personal de Thich Nhat Hanh, el maestro zen vietnamita fundador de Plum Village que fue también amigo de Martin Luther King. Se conocieron cuando Thich Nhat Hanh viajó a USA invitado por cristianos comprometidos con la paz para pedir el fin de la guerra de Vietnam. Thich Nhat Hanh es mi maestro espiritual. Es y ha sido el faro que me ha permitido transitar por el mundo y reconciliarme conmigo, con mi tradición cristiana y con quienes me hicieron sufrir en el pasado.

    De lo que habla Thomas Merton  se conoce en el budismo como samadhi. Es la iluminación, es la comprensión no racional  de la auténtica naturaleza de la realidad, que no conoce separación. En esa miopía de la separación estamos la inmensa mayoría de los seres humanos. Algunas veces puede uno atisbar y experimentar la falacia de tal separación, pero no suele ser una experiencia frecuente. Atisbar la gracia de esa unidad nos conmueve y llena de una felicidad y alegría inenarrables.

    En los místicos se da un sufrimiento, sin embargo, que proviene de la comprensión de que el ser humano normal y corriente vive en estado de carencia de esa realidad última. El místico se compadece porque es consciente del velo que aún cubre la mirada humana, velo que oculta la luz al resto de los humanos. Estos se desconocen, por eso andan sin faro ni brújula como los trompos que bailábamos de niños pero que han perdido la púa del centro y dan vueltas de acá para allá sin sentido como mendigos de algo que les falta y no encuentran.