martes, 22 de septiembre de 2026

   



  Decía Carlo M. Cipolla que una persona estúpida es aquella que causa pérdidas (perjuicios) a otra persona o a un grupo de personas mientras que ella misma no gana nada o incluso se ve perjudicada también. Distinto del incauto, quien pretende beneficiar a los demás pero de camino se perjudica a si mismo o del malvado, quien perjudica a los demás para su propio beneficio. Muy diferentes  todos del inteligente, cuyo beneficio es compartido también por los demás. El inteligente no busca solo su propio beneficio sino que pretende beneficiar a los demás.

    Esta visión como es lógico tiene sus detractores pues llevadas al extremo, todas  adolecen de rigor. Veamos el caso del estúpido. Una persona que sostiene una ideología, sea la que sea, y pretende que esa es la verdad y no tiene conciencia del daño que supone ese apego será siempre un idiota aunque no se de cuenta y crea obrar por el bien de muchos. Es un idiota porque ha dejado fuera la propia experiencia directa de la vida. Todo lo ve con su prisma ideológico, con sus gafas de mirar la realidad. Sentirá probablemente que "el otro" está equivocado y no admitirá ni por activa ni por pasiva que las cosas puedan ser de otra manera. Se ha revestido de unas ideas, se ha apropiado de un discurso  elaborado por otros (no suele haber originalidad en el estúpido) y se ve a sí mismos como pensador libre e independiente cuando en realidad son cotorras repitiendo el cacareo de otra instancia, muchas veces intencionadamente anónima. No suele haber matices en el pensamiento del fanático.

    Sigo desde hace más de 25 años al maestro zen Thich Nhat Hanh, ya fallecido, quien elaboró catorce entrenamientos, catorce faros, para transitar el camino espiritual. Todos son una joya que ayuda a ser más libres y más humanos, pero el primero es especialmente importante y  dice así: "Conscientes del sufrimiento causado por el fanatismo y la intolerancia, tomamos la determinación de no idolatrar ni aferrarnos a ninguna doctrina, teoría o ideología, ni siquiera a las budistas. Nos comprometemos a contemplar las enseñanzas budistas como una guía que nos ayude a mirar profundamente y a desarrollar comprensión y compasión. No son doctrinas por las que luchar, matar o morir. Entendemos que el fanatismo, en sus diversas manifestaciones es el resultado de una percepción discriminatoria y dualista de la realidad. Nos entrenaremos para mirar todo con apertura y con la visión del interser, de forma que se pueda transformar el dogmatismo y la violencia en nuestro interior y en el mundo."

    Dicho maestro también decía en sus charlas que una idea, una ideología pueden ser más peligrosas que un arma, pues con un arma podemos matar a varios, pero con una idea se pueden matar miles, millones de personas. Véanse si no los ejemplos de Hitler o Stalin o ya en la actualidad el caso del sionista Netanyahu. 

 

jueves, 17 de septiembre de 2026

EL CANIBAL Y LA CUEVA

   


 En la radio del coche dieron paso a una entrevista que trataba de las investigaciones de arqueólogos y antropólogos sobre varias cuevas de Granada donde se habían descubierto huesos humanos con evidencias de haber sido parte de la dieta de otros humanos. Las cuevas parece que estuvieron habitadas desde el Paleolítico hasta la época Nazarí. Podríamos imaginar que tales antropófagos no comían carne y tuétano humano como parte de una dieta habitual, pero nos queda la duda de que así fuera o de que formara parte de un ritual o  de que quizá fuera la forma extrema de alimentarse con sus propios muertos una vez que escaseara la comida. Me imagino que no debió de resultarles en absoluto tabú probar la carne de su abuelo o de su hija fallecida. Es mas, quizá fue una forma tangible de conservarlos vivos al formar parte ahora de sus propias células. Yo no me imagino almorzándome a mis hijos porque, al igual que el incesto, son los dos grandes tabúes de nuestra cultura. Ya lo dijo el antropólogo Levy Strauss, que nuestra cultura, lo que nos hace humanos, es la prohibición del incesto y la antropofagia. Pero me queda un último comentario sobre la cueva del municipio de Moclín (Granada). Dicha cueva, donde más restos humanos fagocitados por humanos se han encontrado, tiene el irónico nombre de cueva de Malalmuerzo. Quiero pensar que tiene razón la leyenda que dice que dicha cueva fue atacada y vencida por los cristianos que sorprendieron a los musulmanes que la defendían cuando estaban almorzando. Sin embargo, dicho nombre revela que hoy día, comerse uno a su padre o a su abuelo no augura una buena digestión.


domingo, 6 de septiembre de 2026

LA DOCTORA Y SU PADRE

 



Mañana viajo a Heidelberg junto con la madre de mi hija para asistir a la defensa de la tesis doctoral en la que ha estado trabajando Inés durante los últimos cinco años. Si todo sale bien, el día 11 de septiembre se doctorará en Bioquímica. Será la primera doctora en la genealogía paterna. Un servidor fue en su momento el primer licenciado universitario del linaje. Ahora ella será la primera doctora. 

Ayer recordaba el día en que nació, hace algo más de 31 años. Se abrió el ascensor hospitalario y en una cama iba su madre y en brazos de la comadrona la pequeñez de aquella morenita que llamaba la atención por su abundante pelo y su carita risueña. Estaba tranquila, sumida en un sueño reparador tras el trance del parto. La comadrona preguntó: "¿quién es el padre de esta niña?" Un servidor levantó el dedo índice como un parvulario tímido y la buena señora se acercó a mí y poniéndomela en los brazos exclamó: "¡venga, cógela para que te vayas haciendo a la idea!" No sé si fue la levedad de su peso o el sentirla acunada en mis brazos pero un borbotón de lágrimas me corrieron mejillas abajo. Mi suegra, que estaba a mi lado, me preguntó qué me pasaba. Con voz rota y como pude le dije que lloraba de felicidad, que en ese momento es cuando realmente me daba cuenta de que mi hija ya  estaba en el mundo. Ahora, esa menudita figura es toda una mujer que ha sabido luchar por lo que quiere, que jamás se ha rendido ante las dificultades del camino. Una valiente. Ahora, en este momento, quiero honrar y me inclino ante ella y ante todo el linaje de las mujeres de la rama paterna y materna que se doctorarán cuando ella lo haga. Valió la pena. 

sábado, 5 de septiembre de 2026

EL ALETEO DE LA PALOMA

     



  La bandera de Palestina lucía en uno de los balcones del piso superior. Allá arriba apenas se subía porque la vida la realizamos en la planta baja y esa parte de la casa quedó sin reformar. En uno de los dos balcones superiores colgué una bandera palestina en lo más arduo de la ofensiva israelí. Meses después, cuando se acercan las fiestas patronales de pueblo, la romería y la procesión de la Virgen y las calles y balcones se engalanan de banderas e imágenes de Santa María del Alcor, mi mujer me pidió que durante esos días quitara la bandera del balcón. Meses de sol, lluvia y polvo habían deslucido su color y por ello decidí darle un lavado a mano antes de guardarla hasta que pasaran las fiestas. Cuando el agua jabonosa empapó la tela comenzó de repente a destilar un color rojo que supuse ser parte del triángulo  que tiene la bandera...pero la bandera no había desteñido. Más restregaba, más rojo salía. Interminable la estela roja que cada vez teñía más el agua. Mis manos lavaban sangre interminable sin saber desde qué urdimbre de la tela manaba. Al cabo de un buen rato la sangre comenzó a mermar y seguí restregando.   Lo más sorprendente es que al rato comencé a escuchar  como un leve murmullo  que me pareció un quejido. Cada vez más nítido, el quejido se fue volviendo llanto. No era el llano de una sola persona sino un llanto coral de miles y miles de seres ahogados por el sufrimiento. El agua clara fue calmando el llanto hasta hacerse un hilo de voz, tenue como el aleteo de una paloma. Al cabo de un buen rato se hizo el silencio. Llevé luego la bandera al tendedero de la azotea para que pudiera secarse al sol.  Así que cuando pasen las fiestas patronales la bandera volverá a ondear de nuevo en el balcón y una vez restañadas las heridas, sus cicatrices buscarán de nuevo el camino del reencuentro con la vida, porque la vida puede más que la muerte y el terror no puede destruir la libertad.

martes, 1 de septiembre de 2026

HAIKUS TRES





¿Qué cantarán las cigarras al unísono?

Celebran su tiempo

antes del regreso al silencio.



Nubes de papel sobre los pinos.

El viento las trae y lleva

por caminos invisibles.

¿Cuántas veces se habrán despedido

antes de ahora?



La brisa del mar canta en los pinos.

Zumbido de abeja y canto de cigarra.

Improvisada orquesta

en el vacío de la mente.


LA PEQUEÑA ENCINA




Entre el pasto seco
y la vastedad del cielo
nace la fragilidad
de esta ramita de encina.
¿Quién cuidará que crezca
sino la propia vastedad y el agreste suelo?

Ella sabe, por su propia naturaleza,
cómo hacer frente a los fríos del invierno,
a la dura fuerza del granizo
o a la tórrida solana del estío.

¿Llegará a buen puerto?
¡quién lo sabe!
pero es este su momento
y en este su momento
hay quien la contempla
y la eterniza en esta página.

domingo, 16 de noviembre de 2025

FELICIDAD


 



"¡Qué infeliz! Andaba preocupada buscando la felicidad y cuanto más ahínco ponía en encontrarla más se preocupaba, y cuanto más se preocupaba más lejos le quedaba alcanzarla."

                                                                                                            Rodrigo Sánchez León


    Me recuerdan las palabras de Rodrigo esa historia del pez joven que visita al pez anciano preguntándole si sabía dónde encontrar el océano. El pez viejo le contestó al jovencito  que se encontraba inmerso en él. ¡Pobre pececito! Su respuesta es la que los seres humanos damos una y otra vez: "¿Esto? Esto no es el océano, es simplemente agua."

    ¿Por dónde irá la felicidad? ¿Andará revestida de una camisa que el rey no tiene? ¿Tendremos una idea preconcebida de la felicidad de tal modo que se convierte en el gran obstáculo para vivirla? ¿Es que acaso la felicidad se enamora de unas personas sí y de otras no? ¿Tan selectiva es?

    Un día la vi pasar por los ojos de mi perro, o quizá estaría mejor decir que la felicidad saltó de los ojos de mi perro a los míos. No sé cómo sucedió. No se trató de estar esperándola, sino de estar atento, de estar presente, de estar como quien escucha el canto de un pájaro. Asi, sencillamente, voló hacia mí con el aleteo suave de una mariposa alegre. Me pareció que había sido muy fácil encontrarla, que por paradójico que pareciera, mientras menos la buscaba más a la mano la tenía. Solo necesitaba estar atento al murmullo de la brisa, a la luz en la superficie de una hoja del naranjo, al caminar lento de los caracoles tras un día de lluvia. Y si la felicidad se aficiona a ti es tan fiel que solo te pide que no la confundas con un señuelo, que no te dejes engañar como aquel burrito de la zanahoria. 

    Porque la felicidad tiene escondida un arma secreta; cuando te la encuentras así, desnuda y entregada, te desaparece la zanahoria que andabas persiguiendo sin cesar como el burrito del cuento. Ya no vas creyéndote que la encontrarás acá o acullá y que puedes comprarla con dinero. La felicidad es gratis y se te escurre de las manos como el agua cuando tratas de atraparla en un coche nuevo, en un vestido, en unos zapatos, en un viaje de placer. Tú no puedes hacer nada realmente para que la felicidad llegue. Más bien tienes que dejar de hacer. Dejar de hacer tantos planes, dejar de tener tantas expectativas, dejar de tener tantos proyectos, dejar de tener tantas ideas,  dejar de tener tanta ambición... Esos caminos erróneos conducen al final a un callejón sin salida y lo que provocan en definitiva es una frustración multiplicada en su recurrencia. Ahí no está la felicidad y nunca lo estará. Como dice mi amigo, "es que la humanidad se marea mucho." La humanidad es la metáfora de la insatisfacción.

    Quererla ya, ahora, en este momento es otro gran obstáculo para que aparezca.  Cuanto más se desea, más se aleja. La he visto huir de los impacientes, de los calculadores, de los inversionistas, de los depredadores de la vida, de los que tienen miedo a perder o a no ganar. 

    O sea, que la felicidad es escurridiza y solo se entrega a aquella persona que no lleva camisa. Así que ya sabes; si tienes camisa deberás desnudarte sin esperar nada a cambio. Entonces puede que aparezca la verdadera felicidad en tu camino.