y la vastedad del cielo
nace la fragilidad
de esta ramita de encina.
¿Quién cuidará que crezca
sino la propia vastedad y el agreste suelo?
Ella sabe, por su propia naturaleza,
cómo hacer frente a los fríos del invierno,
a la dura fuerza del granizo
o a la tórrida solana del estío.
¿Llegará a buen puerto?
¡quién lo sabe!
pero es este su momento
y en este su momento
hay quien la contempla
y la eterniza en esta página.

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