martes, 3 de junio de 2014

LA TIERRA, ESA GRAN BODHISATTVA


"Tú nos amas, proteges y nutres a todos sin discriminación". Esta frase de Thich Nhat Hanh referida a nuestra madre Tierra me hace  pensar en la capacidad de la Tierra para asumirlo todo. Acepta todo y lo transforma. Un bodhisattva no está inmunizado contra el sufrimiento. Muy lejos de esto, se haya inmerso en el trabajo de transformación de su propio sufrimiento y ha descubierto en su  camino el sufrimiento de los otros. También ha descubierto -cosa nada usual- que el sufrimiento propio no está separado del sufrimiento del resto de los seres. Por eso el bodhisattva dedica su vida a transformar su propio sufrir y a ayudar a los demás a reconocer y transformar el suyo propio. 

Normalmente los occidentales solemos ver  la Tierra como un gran pastel, un pastel dispuesto a ser devorado por depredadores ambiciosos que no han entendido que al devorar a su propia madre se devoran a sí mismos.
Nadie de las generaciones futuras saldrá a defendernos cuando vean que les hemos dejado un planeta esquilmado, sucio, inane. Es más, quizá no haya ni siquiera futuras generaciones para contarlo al ritmo con que vamos destruyendo el planeta. 
Aquí también la plena consciencia tiene algo que decir. Cuando uno escucha el sufrimiento de la Tierra y cuando uno observa con qué amor cuida de todas las especies que la habitan hay que ser muy canalla para no prestar atención a su lamento.
No hay tiempo que perder. Debemos bajarnos de esa peana de soberbia en la que estamos instalados y dejarnos de considerar como el ombligo de la vida, el centro de la "Creación".
El hombre, hecho a su imagen y semejanza, se adora a sí mismo en una inconsciencia suicida. El pedestal se agrieta por todas partes, pero él hace como si todo siguiera igual, como si ningún peligro corriera en esa loca aventura del consumismo.

miércoles, 21 de mayo de 2014

CLAUDIO RODRÍGUEZ, EL POETA

Lo descubro ahora, a pesar de que conozco su obra desde hace más de treinta años. Es el místico agnóstico. El que habla de una transcendencia inmanente en el aquí y el ahora. El que puede ver más acá de las estrellas, más allá de una viga de mesón, del girasol o la espuma. El que atraviesa con una mirada pura y clara la realidad que le rodea para ofrecernos su misterio. El misterio sencillo y profundo que subyace en todas las cosas.
Un poema a su ropa tendida:
                                                                                                           (el alma)
Me la están refregando, alguien la aclara.
¡yo que desde aquel día 
la eché a lo sucio para siempre, y me servía!
¡Si hasta me está más justa! No la he puesto
pero ahí la veis todos, ahí tendida, 
ropa tendida al sol. ¿Quién es? ¿Qué es esto?
¿Qué lejía inmortal , y qué perdida
jabonadura vuelve, qué blancura? ...


                                                                                           Conjuros (1958)

domingo, 27 de abril de 2014

BEETHOVEN Y EL MIRLO


La ventana que da al patinillo estaba abierta, también la puerta de la habitación de mi hija Inés. Desde allí llegaban sus acordes del piano. Ensaya desde hace meses la "Patética" de Beethoven. Me hacía gracia cómo parcelaba los fragmentos y los encaraba uno a uno con tanta frescura y sensibilidad. Ha progresado mucho. Frecuentemente se agobia pero es porque se trata de una perfeccionista recalcitrante... y su alma  delicada asomaba en los compases aquella tarde de sábado del mes de abril. Recostado en el sofá, sin nada que hacer y con la mente tranquila, simplemente disfrutaba del momento: buena música, buena temperatura, buena compañía (los perros dormían a mi lado una plácida siesta), y entonces llegó por la ventana del patinillo el canto del mirlo.
Aveces al unísono, a veces respetando cada uno el tiempo del otro, el piano y el gorjeo se sucedían  con una espontaneidad que parecía premeditada. El canto de la naturaleza y el canto del hombre... y os puedo jurar que no sabía cuál era más bello, si el del mirlo, si el del piano o si el de los dos al unísono.
Me lo podía haber perdido si hubiera estado en mis cavilaciones mentales. No habría sido capaz de apreciar la genuina representación de mi hija aquella tarde ni me hubiera percatado del canto del mirlo. Estar presente me ayudó a que ese milagroso encuentro de aquellos dos seres, no cayera en el olvido. Y yo fui feliz porque la vida me había regalado un momento maravilloso, tan simple y  sencillo y tan cargado de sentido.
Doy gracias a mi hija, al mirlo y a Beethoven y a la tarde plácida de abril y a que era sábado y no tenía que andar bregando como suelo hacer de lunes a viernes, mal que me pese.

viernes, 25 de abril de 2014

LOS GUARDIANES AMOROSOS

Si me busco el corazón no lo encuentro. O más bien lo encuentro lleno del amor de mis perros. Conviven conmigo desde hace un año y ya han aprendido que yo me muero por darles una palmada cariñosa. Saben dar los buenos días mejor incluso que mis hijos y cuando llega la noche, me he metido en la cama y apago la luz, la pequeña Coco se levanta de su almohadón a oscuras, llega hasta la cabecera de mi cama y apoya su cabeza rubia contra la palma de mi mano que he dejado a propósito fuera del colchón. Después de unas caricias de buenas noches se va de nuevo a su cobijo y allí descansan ambos, el galgo Niko y la mestiza Coco hasta que llega el alba. 
Se me han vuelto imprescindibles. Confieso que no sé andar las calles sin ellos. Ni los parques.
El secreto está en no sentirse superior, en llegarse a ellos con una clara intención de no servirse del cliché que a unos pone como dueños y superiores y a otros como seres inferiores y guiados únicamente por el puro instinto. Llevamos tantos milenios creyéndonos el ombligo de la "Creación" y hemos hecho un dios tan a nuestra imagen y semejanza que es casi imposible no dejarse embaucar por esta idea de la supremacía del bípedo sobre el cuadrúpedo. 
Pasamos por alto su alta capacidad olfativa, su adaptación magnífica a un medio en el que nosotros seríamos incapaces de sobrevivir más de unos pocos días. No valoramos su merecida y genuina inteligencia, simplemente los consideramos inferiores y por tanto nuestro derecho a someterlos como esclavos y a relegarlos a un papel ínfimo.
Pero luego están ellos para desmentir con los hechos esos prejuicios antropocéntricos tan arraigados. No somos iguales, somos diferentes... y en su terreno, no hay quien los gane. Están altamente especializados y sobre todo saben querer como nadie. Son agradecidos, piden muy poco, dan más de lo que sería de justicia y cuando uno está enfermo  -he pasado últimamente un par de días en la cama- no se han separado de mi para nada, sólo para comer, beber y salir con mi hija a sus paseos diarios.
Por eso me duele tanto la ingratitud humana, por eso me duele tanto la soberbia humana, su prepotencia. Somos el más desagradecido y el más desamparado de los seres vivos, pero caminamos justamente en la dirección equivocada, la que nos halaga el oído con mentiras supremacistas y nos aparta de nuestra auténtica humanidad. Vivimos en la cuerda floja.
Ojalá a ti te salve también el amor de un perro y te guarde de tu propia soberbia destructiva.



viernes, 28 de marzo de 2014

LA CÁRCEL DEL FUNCIONARIO


Con la que está cayendo de penalizaciones y recortes, cualquiera se queda en casa cuando un catarro nos deja minados los huesos, la cabeza como un bombo y la nariz como una destilería (eso sin hablar de la tos recurrente).
Aprendí hace tiempo que si tú no sabes parar a tiempo, el cuerpo te para... sin remedio. Eso es lo que me pasa. El cuerpo me ha dado un parón. Llevo tiempo escuchando su queja pero el sistema de vida que nos hemos "regalado" hace que nos olvidemos de él y miremos para otro lado. Sin embargo a mi me ha servido para reflexionar mucho cuando lo escuchaba estos días, aunque sabía que no podía parar porque no tenía ninguna enfermedad "justificable" para darme de baja laboral.
Lo que el cuerpo me ha dicho es que estoy sometido a un régimen inhumano, que atenta contra la vida. Ese río de vorágine activista, laboral, académica en el que estoy empantanado aun a mi pesar (pero de algo hay que vivir...) me deja exhausto y cuando quiero retomar las riendas de mi vida, aplicar la plena consciencia al momento presente, ese torbellino lo arrasa todo y me siento llevado de aquí para allá como la hoja de un árbol por el viento.
Ahora mejor que nunca entiendo el camino de los monjes. Dejarlo todo para ser más libre. Infinitamente libre a pesar de la precariedad de las posesiones. Infinitamente libre para decidir qué hacer en cada momento. Empiezo a envidiarlos, a envidiar su sabiduría.
Estoy cansado de enseñar, cansado del sistema educativo de la LOE-LODE-LOGSE-LOMCE que únicamente pretende guisar niños y adolescentes para el gran puchero de las diosas Economía y Consumo. Yo me quiero bajar del carro, pero no puedo. Esto es como lo de Tántalo y Sísifo pero con una tiza, una pizarra y un libro.

martes, 11 de marzo de 2014

LA PACIENCIA


Dicen que es la madre de la ciencia... yo creo, aun sin rima,  que es la madre de la sabiduría.

 Hoy he perdido la paciencia. O sea, que no he sido sabio. Mi ignorancia me ha sacado de quicio y entre las bisagras desvencijadas he reconocido mi cabreo, mi furia por la situación de este país llamado España, mangoneado por sus dirigentes políticos y empresariales y ninguneado por Europa.

¿Qué os voy a contar que no sepáis? 
Pero a mi me ha dolido en el alma el ninguneo y desprecio del partido popular hacia las víctimas del 11M. Ese cinismo y desvergüenza que con tanta deshonestidad se enseñoreó de periódicos como El Mundo o radios como la COPE difundiendo el infundio, la calumnia de la "trama etarra" en el atentado. Incluso se despreció a las víctimas, a sus representantes, a los funcionarios encargados de la investigación.
Y diez años después y con la evidencia de que ETA no estaba ni aparecía por ninguna parte, no hay ni siquiera el reconocimiento de la falta, la humildad de pedir perdón a tanta gente inocente.  
Me he dejado llevar por la rabia. He sido poco sabio... pero ellos han sido ignorantes, muy ignorantes y han hecho mucho daño y siguen sin reconocerlo.
Están tan ensoberbecidos que la monstruosidad de sus actos comienza a desfigurarles el rostro humano. La cara de la Bestia asoma a través de las gaviotas en un azul manchado de sangre inocente.
Algún día quizá se darán cuenta... si son tan valientes como para reconocerlo y mirarlo de frente. Quisiera estar lleno de compasión ese día, libre de ira,  para no arrojarles todo mi desprecio a la cara. 

jueves, 6 de marzo de 2014

EL ÁRBOL FLORECIDO


Viene de un sueño gélido, de una humedad helada. Ha estado atrapado en no se sabe qué Averno y ha logrado escapar esta mañana. Tan feliz, tan dichoso que ha gritado al viento su alegría. Alegría rosa, pobladas ramas. No encuentro con qué taparme mis vergüenzas cuando llego frente a él con esta cara de invierno triste que se me ha ido poniendo con los meses del frío. 

El cristianismo ha forjado una leyenda sobre San Francisco de Asís. En lo más crudo del invierno, San Francisco le grita a un almendro, "¡Háblame de Dios!", y el almendro florece de repente. Se torna vivo.
¿De dónde viene esta flor del cerezo que hoy contemplo? ¿Hacia dónde irá luego que caiga a la tierra? Me importa un bledo. Yo sólo estoy aquí para contemplar la gracia de esta rama verdecida, la flor que grita la belleza del mundo. El rumor del paraíso terrenal en los pétalos leves y minúsculos.
Yo me hago testigo de todo ello. Nada más. Soy quien contempla el árbol y soy el árbol contemplado y sé que ambos estamos sujetos a la misma rueda de fortuna que nos trae y nos lleva por un misterio insondable que desconozco.