Decía Carlo M. Cipolla que una persona estúpida es aquella que causa pérdidas (perjuicios) a otra persona o a un grupo de personas mientras que ella misma no gana nada o incluso se ve perjudicada también. Distinto del incauto, quien pretende beneficiar a los demás pero de camino se perjudica a si mismo o del malvado, quien perjudica a los demás para su propio beneficio. Muy diferentes todos del inteligente, cuyo beneficio es compartido también por los demás. El inteligente no busca solo su propio beneficio sino que pretende beneficiar a los demás.
Esta visión como es lógico tiene sus detractores pues llevadas al extremo, todas adolecen de rigor. Veamos el caso del estúpido. Una persona que sostiene una ideología, sea la que sea, y pretende que esa es la verdad y no tiene conciencia del daño que supone ese apego será siempre un idiota aunque no se de cuenta y crea obrar por el bien de muchos. Es un idiota porque ha dejado fuera la propia experiencia directa de la vida. Todo lo ve con su prisma ideológico, con sus gafas de mirar la realidad. Sentirá probablemente que "el otro" está equivocado y no admitirá ni por activa ni por pasiva que las cosas puedan ser de otra manera. Se ha revestido de unas ideas, se ha apropiado de un discurso elaborado por otros (no suele haber originalidad en el estúpido) y se ve a sí mismos como pensador libre e independiente cuando en realidad son cotorras repitiendo el cacareo de otra instancia, muchas veces intencionadamente anónima. No suele haber matices en el pensamiento del fanático.
Sigo desde hace más de 25 años al maestro zen Thich Nhat Hanh, ya fallecido, quien elaboró catorce entrenamientos, catorce faros, para transitar el camino espiritual. Todos son una joya que ayuda a ser más libres y más humanos, pero el primero es especialmente importante y dice así: "Conscientes del sufrimiento causado por el fanatismo y la intolerancia, tomamos la determinación de no idolatrar ni aferrarnos a ninguna doctrina, teoría o ideología, ni siquiera a las budistas. Nos comprometemos a contemplar las enseñanzas budistas como una guía que nos ayude a mirar profundamente y a desarrollar comprensión y compasión. No son doctrinas por las que luchar, matar o morir. Entendemos que el fanatismo, en sus diversas manifestaciones es el resultado de una percepción discriminatoria y dualista de la realidad. Nos entrenaremos para mirar todo con apertura y con la visión del interser, de forma que se pueda transformar el dogmatismo y la violencia en nuestro interior y en el mundo."
Dicho maestro también decía en sus charlas que una idea, una ideología pueden ser más peligrosas que un arma, pues con un arma podemos matar a varios, pero con una idea se pueden matar miles, millones de personas. Véanse si no los ejemplos de Hitler o Stalin o ya en la actualidad el caso del sionista Netanyahu.
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